El 27 de agosto en las oficinas de Glovant en Puerto Madero se gestionaba una transferencia millonaria para que la empresa tecnológica y unicornio argentino se convirtiese en partner oficial de la escudería Williams de Formula 1 y que el piloto argentino Franco Colapinto fuera su nuevo piloto en reemplazo del accidentado corredor Logan Sargeant. Colapinto quien venía desde el 2013 marcando una prometedora carrera automovilística y haciéndose fama en categorías menores de formula: fue campeón en la fórmula 4 de España, compitió en la Fórmula 3 de la FIA, y luego en la Fórmula 2 hasta agostos del presente año, cuando debió abandonarla para sumarse a la máxima categoría del deporte a nivel mundial.
En un ambiente de tan poca rotación y en la que solo 20 personas del planeta acceden, Colapinto volvía a representar a la Argentina en la Fórmula 1 desde su última vez en 2001 con Reutemann. Lo cual trajo la sensación de una Argentina presente nuevamente en el deporte que vio a Juan Manuel Fangio volverse una leyenda indiscutible, la sensación de regresar a un deporte que mueve a una gran parte del país y lo que representa una competencia de la altura de la Fórmula 1 a nivel mundial, casi como los JJ.OO. o la copa de la FIFA. El orgullo de que uno de esas veinte personas sea argentino.
Franco Colapinto se vuelve inmediatamente una celebridad de la noche a la mañana en la vida de las personas. Representando un espíritu jovial y una promesa. Con toda una carrera (valga la analogía) por delante y con un papel en blanco para escribir una historia. Empieza su trayectoria con Williams, una escudería que supo valerse de ser la constructora de campeones mundiales, pero que al día de hoy representa un “tractor” en las pistas, lo cual le quita toda la presión al piloto y que cualquier logro o puesto sean sumamente valorados. Ya sin más en el circuito de Bakú lograr sumar puntos al quedarse en el octavo puesto, algo que no sucedía para ningún argentino ¡desde 1982! Lo cual supuso que la fiebre por Colapinto empezase a enervarse en el país.
El resto de carreras le valieron de hazañas tanto externas como internas. Las propias leyendas como Lewis Halminton y Verstappen lo elogiaron por sus maneras de conducir y corajes a la hora de manejar en los circuitos. De a poco Colapinto cultiva algo que es fundamental para los pilotos de Fórmula 1 para conservar sus puestos: la publicidad. Y es que además de necesitarse talento y determinismo, no se puede negar que un piloto con carisma y publicidad no motive a las escuderías a contratarlos. Recientemente se bromeó que Sergio “checo” Pérez mantiene su lugar por los patrocinadores e imagen más que su capacidad como piloto, lo cual ya era algo con lo que contaba Colapinto, un potencial reemplazó en el próximo año. Y es que aun no parece repararse en la posibilidad real de que quizás el año que viene no regrese a la Fórmula 1 y que la motivación nacional por el automovilismo de la monoplaza se desvanezca.
La figura de Colapinto también trae el pie perfecto de la farándula y las especulaciones en sus estados de ánimo. Desde haberlo visto con “La China” Suarez en Madrid hasta los choques que sufre en sus pruebas de clasificación dan de que hablar y realimentan el espectáculo y hacen que se haga más presente en la vida de los argentinos. Sin duda alguna Colapinto se convierte en una figura deportiva fuera del futbol como lo supo ser Del Potro y Ginóbili hace unos años atrás y que con ello trae la sensación de motivación de la población argentina y su rol en los deportes internacionales.
La Fórmula 1 representa más que veinte pilotos en los circuitos del mundo, representa la alta coordinación y capacidad de los equipos por tener a punto autos con motores sumamente precisos, capaces de repararse por completo en un par de horas, a lo que también se suma la inversión de los Estados por demostrar en el mundo sus circuitos y las grandes empresas por demostrarse capaces de darse el lujo de exhibirse en los carteles de la pista o en las mismas carrocerías, se especula que cerca de 25 millones de dólares transfirió Glovant para darle lugar a Colapinto en su auto. Por otra parte, la Fórmula 1 se convierte cada vez más en Argentina el regreso al pasado donde el país podía permitirse albergar un Gran Premio, la ultima vez que lo hizo fue en 1998, el año de mayor esplendor del menemismo y la convertibilidad. Desde entonces se especulo con un posible retorno: en 2012, Cristina Fernández, quien comandaba el Ejecutivo argentino, realizó un pomposo anuncio en plena Casa Rosada sobre el retorno del Mundial al país para correr tres años seguidos (2013 a 2015) en un callejero de Mar del Plata, que pasaría por una de las escolleras. Todo muy lindo, aunque a la escollera le faltaban 18 metros de ancho para el ida y vuelta que se pretendía. Resultado, nada. Después llegó el momento de Mauricio Macri como presidente y marcó que la F1 era una “prioridad de gestión”. Resultado, nada. Luego apareció Matías Lammens, como ministro de Turismo y Deporte de Alberto Fernández, quien aseguró que se trabajaría para el retorno de la F1. Resultado, nada. Ahora llegó el momento del flirteo en la gestión de Javier Milei que junto a Scioli parecen orientarse en la inversión privada para traerla en 2027.
Más allá de los efectos de Colapinto, empieza a deslumbrarse su nombre en otras escuderías que le permitan quedarse en el campeonato por otro año. Lo cual supondría el inicio ya consolidado en la competencia y el primer año de varios en toda la temporada, quien sabe quizás gane primero alguno gran premio y luego pueda regresar a los palmeres de Fangio. La sensación de que Colapinto en estas últimas tres carreras se juega más que un podio o un campeonato: se juega la vida en Fórmula 1.