Un año del primer Pinot Noir

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Para el próximo jueves 5 de septiembre de 2024 el Pinot Noir estará cumpliendo un año de su primer lanzamiento y para cuando esta edición salga, se habrán hecho una edición para cada mes del año. De septiembre a agosto se ha cultivado la costumbre de recopilar cuatro o cinco ideas y dejarlas en estas doce páginas (a veces más, a veces menos) para que fuesen leídas por las personas más cercanas de mi círculo familiar y social. Incluso ya no solo son ellos, sino que quienes escriben este diario o gaceta también han llevado a este proyecto a ser compartido con sus seres queridos. Lo cual al día de hoy puedo ver que este proyecto fue creciendo por sí mismo, desde la recepción que ha tenido en la gente, hasta quienes se han entusiasmado y encontraron en la gaceta un espacio para poder escribir y compartir también sus propios textos.

Recuerdo en un primer momento cuando no existía ni el nombre de Pinot Noir ni ningún otro para la gaceta. Mucho menos sabía cómo transformar esos pensamientos de escritura en algo que no supusiera una carga, pero que tampoco fuese algo caótico y un rejunte de archivos en mi computadora. Al mismo tiempo también desconocía como haría para que fuese algo público pero que solo sirviera a personas cercanas. Constantemente resonaba la filosofía de encontrar algo que apasionar, lo cual significaba que fuera algo que hiciera bien, disfrutase de hacerlo y pudiera compartirlo con quienes me importan. Quizás lo primero no pudiera cumplirlo nunca y debía practicarlo, lo segundo sí era un hecho, y sobre todo faltaba resolver el tercer punto. Fue así que, seguramente alguna noche de agosto de hace un año germinó la idea del Pinot Noir como una gaceta que sería escrita cada mes y de la cual haría ediciones impresas y publicadas en internet. Fue así que se acentuó de a pasos pequeños el proyecto/hobby.

Desde entonces, si tuviese que relatar cómo fue escalando el Pinot Noir, diría que en un primer momento sorprendió la disposición que había por leer lo escrito o más bien la intriga que generaba cuando se lo veía impreso. Otros quienes lo encontraron exclusivamente por internet y desde allí atentamente lo seguían y leían, lo cual genera aún más sorpresa y alegría al enterarme. Lo que, a su vez, generaba la motivación para volver a editar al mes siguiente: si antes el disfrute de escribir era suficiente para poder seguir haciéndolo de manera regular, ahora, que se le sumaba el hecho de que realmente era leído por gente cercana, hacía que se duplicara la motivación.

Fue así que sin querer los meses pasaron y las ediciones continuaban despachándose. Todo a pesar de que quizás lleva cierto tiempo poder escribir, editar y programar la página web de los artículos publicados. Pero sin excepción, siempre el Pinot Noir sale fresco cada primer domingo del mes y a poco se va cultivando la tradición que se espera poder mantenerla.

A la vez no pretendo redactar todo este texto desde el punto personal, porque asombrosamente el Pinot Noir se transformó más en un espacio de escritura donde se materializan opiniones, breves investigaciones de un tema, reflexiones y que orgullosamente tampoco es algo de una sola persona. Particularmente Alfonso Campagno-Storani a quien se le deben varias entregas pero que aún así fielmente manda sus textos cada mes para que sean publicados. Muchas veces incluso antes de que se empiece a escribir una sola letra de la edición. Es a él a quien en varias ocasiones se le debe incluso la autoría de la mitad de ediciones. Así que, en esta celebración de fecha tan importante, también es fundamental agradecerle por sus favores. También a quienes han participado escribiendo y van marcando su presencia dentro del Pinot Noir como Pablo N. Ruffinatti, quien lo descubrió este año y sin dudarlo en un par de meses estaba colaborando. A Santiago Falco-Sastre, quien también se interesó en cuanto supo y participó, a Eduardo M. Pizzi quien participó por allá en noviembre dejando un mensaje a quienes nos egresábamos del secundario y también a mi padre Esteban M. Riberi que también dejó su paso por la gaceta desde su parte profesional.

Indudablemente existe otra razón de festejo, y es que muchas veces el escribir se vuelve algo secundario ante tanta participación y recepción. Sin dudas que redactar es importante y la base de todo esto, pero es que sin alguien que lea no tendría el más mínimo sentido seguir escribiendo al menos desde un punto de vista tan regular como un mes. Es por el que el agradecimiento también va para quienes leen las páginas, a quienes se preocupan por cómo va mi última redacción y esperan pacientemente a que les entregue el papel impreso, pudiendo pasar meses incluso hasta hacerles llegar la edición. A mi familia, en especial a mi madre Miriam quien siempre me pregunta por la edición y comenta cada artículo, a Valeria mi novia quien también lo hace y a quienes siempre con una sutil interacción como un like expresan su presencia y agrado. Sin ellos sin duda que el Pinot Noir no tendría donde sostenerse.

En estos tiempos donde el mundo y sobre todo el país pasan por momentos tan turbulentos, es esencial poder debatir sobre los sucesos y acontecimientos que seguro marcarán el futuro de la nación en los próximos años e inclusive décadas, y de alguna forma el Pinot Noir expresa a través de artículos los procesos que se viven mes a mes. La idea es siempre poder hacerlo desde un lugar objetivo, pero fundamentalmente desde el lugar de escritores que no son periodistas profesionales ni están en proceso de convertirse en uno; sino personas que justamente encuentran al Pinot Noir en el lugar que este se desea posicionar: un espacio de escritura y divulgación. Tanto para lectores como escritores deben saberlo. En estas épocas donde sobre todo se cuestiona al periodismo y es lo correcto que así sea, es por ello que la responsabilidad de la gaceta es dejar siempre en claro que no es una labor periodística sino recreativa. De antemano se reconocen fallas en la redacción, datos que no puedan ser verificados o análisis artísticos propios que sin lugar a duda requieren siempre de una extensa formación en el tema para ser tratados objetivamente, es por ello que no se puede afirmar entre otras cosas que el Pinot Noir sea objetivo, sino que más bien es el trabajo involuntario de la necesidad de escribir.

Ya finalizando estos párrafos en conmemoración a los doce meses de la primera edición, es conveniente poder trazar algún rumbo que sirva como planificación de lo que puede ser el futuro para el Pinot Noir. Sin duda que este primer año fue sumamente emotivo y especial por lo que supuso dejar asentado este espacio, el crecimiento tanto de lectores como escritores dan la receta de la motivación para seguir existiendo y la razón de ser del espacio. Ya nos vamos acostumbrando a ver cada vez de manera más frecuente las misiones y visiones de las organizaciones y empresas, que no tienen porque perseguir un fin comercial, sino simplemente dejar en claro qué es lo que son y hacia dónde se dirigen, dos definiciones que hace un año eran imposible de concretar, pero hoy, desde esta perspectiva y mientras se escribe el presente texto, queda claro que la misión del Pinot Noir es que es un espacio de divulgación en donde lectores y escritores pueden integrar la lectura y escritura en sus vidas. La visión es poco más difícil de definir, pero sin dudas que el deseo de este espacio es poder siempre seguir inspirando a las personas a poder acompañarlas en sus vidas e integrar los textos que se escriben en estas páginas. Sin más que decir, se vuelve a agradecer a quienes nos leen y esperamos poder seguir apareciendo cada primer domingo de mes.