Existe una frase antiquísima que no llegué a entender hasta hace unos días. No es que uno no la comprenda sino que nunca es fácil darle un sentido; es decir, qué significa para mí. La enunció Heráclito hace miles de años: «Uno no se puede bañar dos veces en el mismo río». Para tratar de desentrañar estas palabras, les voy a contar un poco de mi experiencia de intercambio con la asociación AFS.
En las numerosas jornadas de orientación, siempre nos recalcaban que era uno quien se adaptaba a la comunidad extranjera, no ella a nosotros. Antes de partir esto era muy fácil de decir; pero cuando llegué a Francia, un país conocido por no ser tan hospitalario, tuve una revelación. Si yo me adapto a ellos, ¿no pierdo en cierta forma mi identidad? ¿No estoy condenado, entonces, a la pérdida de mi libertad en beneficio de una cierta hospitalidad que no me garantiza nadie? ¿Es imposible ejercer algún pequeño cambio en ellos? Además, ¿cómo hago para ser como ellos? Estuve en cuatro familias distintas, no fue fácil sentirse como un paquete que nadie quería agarrar. Sin embargo, cuatro familias eran cuatro mundos distintos,y a medida que iba saltando de una a otra, cambié mi estrategia: decidí ser más como yo mismo. Un matrimonio al sur de Francia nos invitó a una amiga y a mí a pasar unos días en su casa. Cuando los saludamos, sentimos que eran fríos, los tratábamos de «usted», les dimos la mano. Ahora bien, cuando llegó la hora de despedirse, unos días después, le tendí la mano al hombre quien me la rechazó; en su lugar, me dio un fuerte abrazo y me dijo: «Estoy muy agradecido de haberte conocido». Qué sentimiento, ¿no?, la gratitud. Es nuestra mayor ancla para la alegría del presente. A su vez agradecí ese gesto de Jean Maurice, así se llamaba.
Ahora volvamos a la frase del río. Heráclito nos daba una pista: no podemos bañarnos dos veces en el mismo río ya que tanto nosotros como el río ya no somos los mismos después de que nuestros cuerpos se tocaran. Así me sentí cuando Jean Maurice me abrazó.
Entonces, no dejemos que ese río se seque. Reguémoslo todos los días, comunicándonos, abrazándonos, agradeciendo y siendo nosotros mismos. Ya que ese río poco a poco se va a transformar en un mar, ese mar en un océano, que va a ser capaz de conectarnos a lo ancho y a lo largo de todo el planeta.