Cuando vamos a la casa de alguien, es de mala educación mirar el reloj de nuestra muñeca para saber la hora. No es que nos queramos ir, pero a veces se hace tarde no para nosotros, sino para la persona que muy amablemente nos recibe en su hogar y nos regala su tiempo para incluir una entrevista en el Pinot Noir. Es por ello que, sutilmente, tratamos de buscar en la casa algún reloj al que se pueda mirar disimuladamente. Nos sorprendimos al ver, que en la casa de Sebastián Pérez, no había uno sino cuatro relojes a los cuales mirar. Uno en la sala, que estaba detenido; uno en la cocina, retrasado diez minutos; otro en el zaguán, que pertenecía a su abuelo; y finalmente, uno digital que estaba en su pulsera: el único que marcaba la hora correcta. «Mi verdadera riqueza es el tiempo», dijo Sebastián en una oportunidad, lo que confirmó nuestras sospechas.
¿Cómo es tu historia de vida? ¿Cómo llegaste a las empresas? ¿Y cómo decidiste dejar eso de lado?...
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