Entre dólares y reales: La montaña rusa monetaria de Argentina

Imagen de ejemplo

En un país donde el peso argentino parece bailar al ritmo de una economía siempre al borde del abismo, el dólar y el real brasileño se han convertido en protagonistas de una trama que combina incertidumbre, creatividad financiera y una buena dosis de surrealismo. Los argentinos, expertos en navegar crisis monetarias, ahora enfrentan una paradoja: mientras la revalorización del peso hace que todo parezca "caro en dólares", el real brasileño impulsa un fenómeno turístico inesperado. En esta alocada dinámica, entre dólar blue, precios en pesos, PIX y turismo en el Mercosur, se reescriben las reglas del juego económico nacional. Repasaremos entonces la situación histórica que los argentinos tenemos con el dólar y los precios de hoy.

¿Por qué la obsesión con el dólar?

El dólar estadounidense se convirtió en la moneda preferida de los argentinos a partir de las recurrentes crisis económicas que comenzaron a intensificarse luego de la década de los 50s. La inestabilidad del peso, marcada por cambios constantes de monedas, hiperinflaciones como las de 1989 y 1990, y una continua devaluación frente a monedas fuertes, llevó a la población a buscar refugio en una divisa más estable. Durante los años 90, con la Ley de Convertibilidad, el dólar se integró aún más en la economía cotidiana al establecerse la paridad uno a uno entre el peso y el dólar, profundizando su uso como reserva de valor incluso después de la crisis de 2001 cuando claramente el peso encontró su piso histórico como refugio de valor. En otros países, el dólar no ha alcanzado un papel similar debido a niveles de inflación más controlados, confianza en sus monedas nacionales o una historia económica más estable. Sin embargo, en algunas economías inestables de América Latina, el fenómeno de dolarización informal también existe, aunque no con la misma magnitud que en Argentina: caso extremo es Venezuela, donde de “facto” (la misma población la impuso) se empleo tanto como refugio de valor como su uso de transacciones.

En estas semanas el gobierno de Javier Milei avanzó sobre la cuestión monetaria e hizo reflotar una vieja promesa de campaña: la dolarización. Pues se decretó que a partir del día diecisiete de enero, cualquier actividad económica podía mostrar sus precios tanto en pesos argentinos como en dólares o cualquier moneda. Bajo este panorama se plantearon varias interrogantes y se intensifica la llama en una cuestión central en la cabeza de los argentinos desde más de medio siglo: el ahorro y en qué monedas hacerlo.

¿Es el comienzo de una dolarización endógena? Podemos decir que sí. Una dolarización endógena, como la llama el mismo Milei, es un escenario en donde una competencia legal de monedas haga que naturalmente el peso argentino deje de ser empleado en las transacciones cotidianas y tome su lugar el dólar de una forma espontánea. Sin embargo, esto parece en estos primeros días una situación ridícula, el pensar sobre si existirán quienes cambien sus dólares del ahorro por verduras o asado. Y sobre todo entonces, más allá de consumir en dólares habrá que verse quienes son los primeros en pagar dentro de Argentina los salarios en dólares para permitir este flujo natural de la moneda. En caso de ocurrir efectivamente la dolarización, sería una de las estrategias políticas y económicas mejores vistas en la historia del país, y un ejemplo a nivel mundial.

La ventaja de una competencia de monedas y la potencial dolarización endógena, llevaría una transición normal entre ambas monedas y que no existiese un tipo de cambio fijo con el cual realizar cálculos. La idea es entonces el eje central de la campaña de Milei: cerrar el Banco Central. “El Banco Central no los va a molestar nunca más porque, conforme avance la dolarización endógena, va a haber un momento en que va a ser muy grande la operatoria en dólares, y en pesos muy chiquita, y cuando se dé esa situación vamos a estar en condiciones de cerrar el Banco Central y que los políticos nunca más en la vida puedan volver a estafarlos con el impuesto inflacionario”, dijo Milei en una conferencia ante empresarios el año pasado.

Mientras tanto esta reforma da sus primeros pasos, otro plazo clave será en abril cuando se regulará el pago de cualquier moneda a través de tarjetas. De nuevo, ¿Quién estaría dispuesto a gastar dólares en Argentina? Esta interrogante es algo fuerte en estos días, pero no es ilógico pensar en mecanismos como el dólar MEP y descuentos a quienes paguen en la divisa estadounidense. Todo es posible en las interacciones propias del mercado.

El real brasileño

El "efecto caipiriña" fue un término utilizado para describir el impacto negativo que tuvo la crisis financiera de Brasil en 1999 sobre la economía argentina durante el período de la convertibilidad. En aquel año, Brasil devaluó drásticamente su moneda, el real, como respuesta a la crisis económica que atravesaba, lo que generó una pérdida de competitividad para los productos argentinos y el empleo.

En 2024 el real brasileño se devaluó en aproximadamente un 16% frente al dólar. Esto por supuesto genero un gran abaratamiento de los bienes de allí respecto a los argentinos, quienes además de no devaluar, se fortalecieron. Por ello ahora esta especialmente el fenómeno de Brasil acentuado en una porción turística.

“Caros en dólares”

Aparece ahora como una expresión popular la idea de que "estamos caros en dólares". Lo cual refleja una percepción recurrente cuando la moneda nacional se revaloriza, afectando tanto la competitividad de los productos argentinos en el exterior como la accesibilidad para los turistas internacionales; así como principalmente la idea de que un salario es mayor en dólares. Este fenómeno suele atribuirse a dos factores principales: la alta carga impositiva y un proceso de “ancla” monetaria donde la inflación sigue corriendo mientras el dólar no. ¿Atraso cambiario? Hay muchas razones para creer que eso es real, pero en conclusiones lógicas no puede existir algo como tal.

La recuperación económica proyectada para Argentina en 2025 y 2026, con un crecimiento estimado del 5% interanual según el FMI, podría tener un impacto significativo en los salarios y en la percepción de los precios en dólares. En este contexto, si bien algunos bienes y servicios locales podrían parecer "caros en dólares" en un primer momento, este fenómeno se compensa con una mayor accesibilidad a bienes estratégicos como maquinaria, tecnología o propiedades inmobiliarias, cuyo valor se estabilizaría o incluso disminuiría en términos relativos gracias a la revalorización del peso. Esto resultaría especialmente beneficioso para sectores productivos y emprendedores, que podrían adquirir equipamiento o infraestructura a precios más competitivos en moneda extranjera. Hoy una casa o un vehículo cuestan menos salarios promedio que en los últimos años. O como ilustran algunos “la contra cara de alimentos baratos eran casas imposibles”.

Además, un entorno de mayor estabilidad económica también podría atraer inversiones extranjeras, generando un círculo virtuoso en el que el aumento del salario real y el acceso a bienes de capital potencien la capacidad productiva y la modernización del aparato económico del país. Sin embargo, el desafío radicará en equilibrar este crecimiento con políticas fiscales y monetarias que sostengan la competitividad externa sin descuidar el bienestar interno.