La dopamina, las adicciones y las formas

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Existe dentro del mundo del internet, uno de sus tantos nichos o submundo que se identifica con el concepto de “crecimiento personal”, o motivación o desarrollo personal. El cual ya hace un puñado de años ha encontrado el punto en donde, es posible socavar para lograr un llamado eficaz y al mismo tiempo dar con una medicina la cual ofrecer a quienes desean cambiar su vida. Bajo este nicho de necesidad o mero interés de quien ocasionalmente baja por internet se presenta la cultura neuro como una solución a todos los problemas. Un término que es cada vez más hablado por distintas personas y que ya presenta todas las características de pseudo ciencia, lo cual hace que inevitablemente se vea apegada a profesionales de la medicina neurocientífica que poco tienen que ver que sus palabras son tomadas de manera incorrecta para la mera captación de atención.

Términos tan de moda y tan ampliamente usados como dopamina hacen recordar a los chamanes y las energías cuánticas como un alivio espiritual y la solución a un mundo cada vez más materialista. En ambos casos se adopta una parte de la ciencia y se usa para justificar a la pseudo rama. Ya no bastaba con servirse la física, sino que se adentra a términos médicos para promocionarse. Inclusive de una manera incorrecta en el imaginario colectivo se asocia a la dopamina cual, si fuese una droga a la cual abandonar, siendo que es la dopamina la que nos motiva a levantarnos y movernos, no se puede dejar la menos que se este muerto. Pero se insiste con los famosos “ayunos de dopamina”, relacionados con dejar por un periodo de tiempo (desde horas hasta meses) de oír música, comer chocolates o redes sociales o resto de actividades vistas como culposas (el criterio es que dan una gran satisfacción instantánea); y aquello ocurre en los ayunos en el mejor de los casos: retos más extremos exigen el dejar de encontrarse con amigos o interactuar con el resto del mundo. Esto con el fin de “reiniciar al cerebro”. Se termina por demonizar un neurotransmisor que participa en demasiados procesos como para simplificarlo a “malo”.

“Ayuno de dopamina” surgió inocentemente en una publicación de LinkedIn por Cameron Sepah, un doctor en psicología clínica, derivado de un concepto utilizado en la terapia conductual y utilizado en una técnica relacionada con el control de estímulos para tratar comportamientos adictivos. Buscando como afirmó el mismo doctor, un impacto e interés por leer su artículo. Si bien quienes adoptaron esta técnica buscaban controlar sus estímulos de la misma forma que lo proponía Sepah, se quedaron con la idea de que estaban ayunando dopamina en vez de confesar que realmente estaban buscando controlar sus vidas. Esta idea de reforzó al sentir que la neurociencia se les apoyaba por detrás.

Lo cierto es que es falso, no hay consecuencias reales y evidentes de que un estímulo de la dopamina este arruinando cabezas, pero si parece cierto el hecho de que la neuro plasticidad genera que el estimulo constante de la dopamina genera una insensibilidad a experiencias cotidianas y la sensación de un aburrimiento mas presente. Si bien este efecto se relaciona con las drogas en que también liberan un gran nivel de dopamina, ni es de cerca el nivel que puedan secretarse con las actividades del “ayuno de dopamina” mencionado previamente. En estos casos el cerebro no sufre un daño como si lo hace con las drogas, lo que si se evidencia es el aumento relativamente rápido de la sensibilidad y la sensación de que al cerebro le dan placeres pequeñas cosas que antes no, como dicta Jaime Castrellón (investigador de la universidad de Pensilvania).

Parece ya muy instalado en el imaginario colectivo la idea de que la dopamina es como una droga, lo cual la demoniza y lleva a tales ideas con consecuencias poco ciertas, no se puede vivir sin dopamina y más que algún tipo de ayuno de esta, en lo que en realidad se pretende hacer es ayunar de conductas “pecaminosas” como perder tiempo en redes sociales o no poder elegir entre comer sano o no. De nuevo, la intención parece la correcta, pero no así la forma en la que se pretende comunicar. Y en el medio de esa falencia de comunicación se abre el espacio para una serie de personas en línea que se dediquen a la motivación, resumiendo experiencias personales en hechos que deben repetirse a nivel colectivo.

¿Qué nos hace tan “adictos” a las redes sociales o a las apuestas? Seguramente la necesidad humana de identificar patrones, hasta donde no los hay. El “casi algo” es quizás “lo más adictivo” que exista (luego de las drogas por supuesto) en esto mismo de liberar dopamina. La sorpresa de no saber si algo nos va a gustar como una publicación en Instagram o un tweet divertido, hace que repitamos la acción de scrollear hasta dar con algo que nos satisfaga y términos de recompensar esas acciones. El problema termina siendo cuando los comportamiento no deseados y difíciles parecen complicados de no realizarse y el deseo de no hacer algo se contradice con la acción, en ese punto podemos notar un comportamiento adictivo al que se puede tratar.

Bajo ese patrón de casi algo, se recrean las redes sociales, cada vez más diseñadas para encontrar el punto de atención máximo de una persona que destine a sus sitios para la captación de potenciales clientes, si ya no es ninguna novedad que los especialistas de la época estudian el cerebro en busca de comportamientos que lo hagan prenderse a una actividad. El concepto de la “economía de la atención” hace referencia a esto mismo: si la economía estudia la administración de los bienes más escasos, es la atención lo que empieza a escasear más y más en una sociedad estimulada. Todo se capta para así mismo y es hasta que parece una horrible distopía el hecho de que las redes sociales también hayan capturado a su crítica como un mecanismo de atracción a nuevos usuarios, que consumen ahora el contenido de redes sociales que critican a redes sociales. Hace recordar a las industrias que en su momento (y aun en la actualidad) explotan al comunismo con mercancías y el sistema se alimenta de su misma crítica.

En síntesis, hay que luchar contra las formas y contra la adicción.