El éxito australiano en las olimpiadas

Cada cuatro años el mundo se enfrenta a un hecho contradictorio para los probabilistas, y es que la proporción de los habitantes no refleja la distribución de medallas entre los países en los Juegos Olímpicos. Resulta por ello sorprende que tan solo un país con veintiséis millones de habitantes haya quedado cuarto en el medallero olímpico.

Imagen de ejemplo
Arisa Trew, medallista de oro en skateboarding en el paseo de los campeones.

Durante 1949 en la ciudad de Roma se desarrollaron las votaciones para definir la sede de los Juegos Olímpicos que se desarrollarían en 1956, entre las tantas ciudades presentadas se fueron reduciendo como dicta el reglamento hasta una ronda de dos. Las metrópolis que llegaron a esa final fueron Melbourne, Australia y Buenos Aires en Argentina, la votación dio como ganadora a la primera por tan solo un voto. Fue quizás el momento en que más cerca estuvo el país de poder establecer una presencia recordada en los juegos. Sin embargo, Australia logró cultivar una cultura deportista más amplia, con un plan que reflejaba su progreso como país en el deporte fue haciéndose de mayor protagonismo. En los pasados JJ.OO. de París, lograron hacerse del cuarto puesto, lo cual no es escandaloso si pensamos en el gran país que es, pero si es extremadamente increíble si consideramos que solo habitan en ella veintiséis millones de personas.

Un tratamiento instantáneo ante una alarma

La historia que transformó para siempre al deporte australiano fue lo ocurrido en los JJ.OO. de Montreal en 1976, donde asistieron cerca de 300 atletas de los cuales ninguno pudo consagrarse con la medalla dorada. El desempeño fue un escándalo cuando a esto se le agrega que fue la primera transmisión en color que obtuvieron los australianos.

Como respuesta para 1981 se estableció el Instituto Australiano de Deportes, (AIS por sus siglas en inglés), la cual al día de hoy cuenta con un campus de sesenta y seis hectáreas ubicados en el norte Canberra, capital del país. En este ejercicio se hizo llamado a entrenadores elite de los deportes más exitosos de los que podía presumir Australia. En primer lugar y como casi un símbolo nacional estaba la natación, también otros deportes como el remo, arquería, ciclismo, voleibol y entre otros. No solo entrenadores locales, sino que de todo el mundo los cuales obtenían de una manera facilitada el acceso a una vida plena en el país.

La política australiana también se orientó al llamado de niños de áreas rurales quienes no podían acceder de una manera sencilla a los entrenadores capacitados.

Para entrado los años noventas se empezaron a observar las consecuencias del programa con las medallas doradas obtenidas en natación y el resto de competiciones. Las medallas de oro conseguidas en orden desde los juegos de 1980 hasta 2024 fueron: 3,4,7,9,16,17,14,8,8,17,18. Mientras que las totales fueron 9,24,14,41,58,50,46,35,29,46 y 53. Siendo París 2024 el mejor desempeño histórico. Si bien se observa una leve caída en lo que respecta a las ediciones de 2012 y 2016, lo cierto es que no se ha bajado del top 10 del medallero.

Una integración tras las medallas

En el 2000 Australia volvió a ser la sede, esta vez con Sídney. La cultura olímpica tuvo nuevamente un empujón dentro del país y sobre todo en la AIS. Que empezó a coordinar con un nivel avanzado de información y técnicas sobre el deporte. Se desarrollaron técnicas como la labor en climas más adversos: humedad, calor y altura. Se trabajó en la medicina y las técnicas de recuperación, junto con la integración de microsensores que permitieron la extracción de información como nunca antes de los desempeños.

El doctor Allan Hahn es un reconocido médico australiano que ha participado en la AIS desde 1985, luego de las olimpiadas del 2000, notó la falta o necesidad de poder convocar a más doctores especializados en el deporte. Se estableció un posgrado o doctorado en deporte en conjunto con las universidades del país. Lo que elevó aun más la efectividad de la preparación.

Qué es lo que posibilita este desempeño

Merecidamente Australia tendrá su tercera posibilidad de albergar de los JJ.OO. en el año 2032, en la ciudad de Brisbane. No puede negarse que para ello se requiere de una gran inversión estatal y que es una posibilidad para únicamente países que cuenten con una gran infraestructura y sobre todo acumulada en una misma ciudad. Brisbane es una ciudad más poblada que la propia capital, la tercera de su país y la tercera en alojar a los JJ.OO. Lo que es increíble si pensamos que es un país con un poco más que la mitad de la población argentina y que tres ciudades distintas puedan hacerlo. Habla no solo de la necesidad de una economía desarrollada sino también en la infraestructura instalada que dan como resultados un capital humano deportista fascinante.

No solo se potencia en el sentido de infraestructura sino en la capacidad de consumo que puede llegar a poseer un salario mínimo australiano, de 16,25 dólares estadounidenses la hora. Un poder adquisitivo que permite la adquisición de equipos profesionales en corto plazo y de manera sencilla, a la vez de un tiempo de ocio lo suficiente aprovechable para poder ejercer una vida deportista.

Los contrastes con Argentina e inclusive con muchos países latinoamericanos son muy altos. En el país de lo “hecho a pulmón” parece una utopía poder llegar a competir contra técnicas cada vez más sofisticadas de entrenamiento. Si bien es cierto que la preferencia a deportes de equipo como futbol, hockey, basquetbol o rugby solo pueden dar una medalla, (a diferencia en la natación que un mismo deportista puede obtener múltiples medallas) tampoco se puede negar que justamente sean esos deportes los que o bien gozan de una gran fama como lo es el fútbol en cada rincón, sino también de sectores sociales que pueden dedicarse plenamente al deporte como es el caso del hockey, en donde la disciplina femenina asegura siempre una medalla. Recientemente una de sus jugadoras declaró que lo hacen por una pasión y que realmente no tienen una remuneración. Lo mismo supone con miles de deportistas en el ancho y largo del país, quienes luego de una jornada de trabajo logran encontrar un espacio para el deporte. Obviamente quienes logran consagrarse son dignos de ser tratados con la mayor de las admiraciones, ¿pero acaso no podrían también hacerlo si los incentivos estuviesen? Realmente se enterró un potencial que jamás veremos pero que siempre estaremos a tiempo de corregir el curso, Australia es bien un ejemplo de lo que se refieren a transiciones que no requieren ni de uno o dos mandatos presidenciales, sino de hasta dos generaciones que se les pueda permitir vivir para el deporte, porque para ello están las olimpiadas.