Si algo nos ha regalado El Pinot Noir, es la magia de los vínculos con gente de muchos lugares. Marisa Smutt, ávida lectora de la revista, nos comentó una vez que le entregamos la edición del mes que César Annaratone, un vecino de Las Perdices cuya novela Penumbras habíamos disfrutado ampliamente, estaba por presentar su tercer libro. Pocos días bastaron para ponernos en contacto con César para concertar una entrevista que aceptó con todo gusto. Fue el 6 de julio, el día de la presentación, donde asistió gran parte de los vecinos perdicenses, quienes hacían fila para adquirir la novedad del pueblo. Al igual que con Penumbras, El Libro es una historia atrapante que no podrás dejar de leer.
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—¿Desde cuándo empezó este gusto por la escritura? ¿Lo considerás como un hobby o algo más que eso?
—A mí me gustó siempre leer de chico, de muy chico. Empecé con historietas, apenas empecé a leer, ya leía historietas, luego empecé a leer libros. Siempre me gustó el género de terror, suspenso, he mirado muchas películas y luego empecé a leer ese género.
Siempre tuve el anhelo de escribir mi propio libro.
Pero no dejaba de ser eso: yo nunca pensé que iba a poder escribir un libro.
»Hasta que un día en el secundario, tuve una idea: nació El Plan del Diablo. Estuve escribiendo, pero ni siquiera con la idea de publicarlo. A medida que pasaron los años se agregaban páginas. Iba a la facultad, en Córdoba, lo terminé y dije: "¿Qué tal si me animo y lo publico?" Terminé editándolo en Las Perdices en 2008. Cuando lo edité, pensé que nunca más iba a escribir un libro.
»A los tres meses estaba escribiendo Penumbras. Y lo mismo: pasaron años, es un proceso lento, por lo menos mi proceso de escribir un libro. En 2014 salió Penumbras, de un género distinto. El Plan del Diablo es un poco más de suspenso, una pincelada de terror. Penumbras es un policial de suspenso, con la particularidad de que se desarrolla acá en Las Perdices, algo que, por lo menos acá en la zona, me gustó mucho. Y después, ahora, en 2025, estamos sacando El Libro. Es la nueva novela.
»Había nacido como un cuento corto, como muchos de los que tengo; iba a ser uno más, pero empezaron a sumarse páginas y terminó siendo, al día de hoy, de los tres, el más largo.
—¿Y por qué se llama El Libro? Es un título complicado de poner; genera mucha expectativa…
—Se llama así porque todo gira en torno a un libro. El protagonista compra un libro y con eso compra un problema. Y en todo el desarrollo de la novela, el protagonista, Nicolás, está tratando de deshacerse de ese problema. Este es un género más de terror; suspenso pero un poco más de terror.
—¿Y las historias surgen de un proceso lineal? ¿Es más bien técnico o dirías que es intuición también?
—No, no, esto surgió de una idea, del nudo de la novela. Y de ahí en más se escribieron las páginas. Como les dije recién, iba a ser un cuento corto. Escribí las primeras 40 páginas y quedó ahí mucho tiempo: pasé como ocho años sin escribir nada. Y después siempre lo tenía ahí, me acordaba de esa historia. Me daba pena tenerla ahí inconclusa. Hasta que un día me puse con la finalidad de terminarlo ahí enseguida: diez páginas más y terminarlo. Pero empezaron a surgir ideas, me parecía que estaban buenas. Que sea lineal es raro. En El Plan del Diablo tenía todo a partir de una escena, y de ahí se construyó la historia…para adelante y para atrás. En el caso de Penumbras, como es un asesino en serie, tenía la idea de un asesinato ahí en la plaza, acá en Las Perdices y de ahí en más se desarrolló toda la idea de cómo poder llegar de atrás hacia adelante, pasar por ese momento de la plaza. Es un momento en el que se corta luz, por eso Penumbras se llama así. Pero nunca tenés en la mente, por mi caso, la historia de principio a fin de un modo lineal.
—Vemos en tus redes sociales que tenés cierta exigencia con la lectura; por ejemplo, intentás leer un mínimo de páginas por día…¿cómo consideras ese rigor en tu escritura?
—Es autoexigencia, pero es porque me gusta. No es que lo haga de mala gana. Por ejemplo, hoy no leí ninguna, ¡es un día perdido! (se ríe)
»Pero sí, siempre estoy leyendo. Es raro que uno no lea 30 páginas al día, por lo menos los lectores asiduos.
—¿Cuáles son tus influencias? Nos imaginamos que son autores de suspenso.
—A mí siempre me gustó Stephen King, Sidney Sheldon, es lo más fácil en libros y películas. Pero después hay otros autores, como John Grisham que escriben suspenso judicial, esas cosas que también me gustan. Porque en realidad leo de todo, incluso también libros que no son novelas, sino libros de investigación, sobre la actualidad. Pero, por lo general, cuando leo una novela es de suspenso, policial, de terror… generalmente van por esa línea.
—¿Pensás en impulsar alguno de los otros géneros o te casás con el policial?
—Y… no sé si me saldría otro género. Un poema, no podría escribirlo. Una novela romántica, creo que tampoco. No me siento capacitado para eso. También escribir un libro que no sea de ficción, que sea un libro histórico, algo así, tampoco creo poder hacerlo. Es muy probable que siempre sea esto. Los cuentos cortos que tengo escritos son también un poco de terror. Aunque tengo un cuento corto infantil pero no va a ir más allá de eso.
—Cuando escribías El Plan del Diablo, decías que lo hacías para vos mismo. Y hoy en día, ¿cómo dirías que escribís? ¿Pensando en el lector?
—¿Pensás hacer alguna secuela del Comisario Claudio Alvelo, el protagonista de Penumbras?
—En realidad, aparece en El Libro, fugazmente. No sería malo hacer una secuela. Lo pensé, no en la historia, pero sí que podría aparecer de nuevo.
Mucha gente me ha dicho que se ha encariñado con el personaje. Lo curioso es que cuando empecé a escribir Penumbras, la idea era que el personaje iba a terminar suicidándose. De hecho, es así, el inicio del libro, con esa situación. Y después me empezó a ganar el personaje, me empezó a convencer; para que vean que no es lineal, sino que uno arranca escribiendo una idea y después puede irse para otro lado y terminó sobreviviendo.
En ese momento Lennon, la hija de César aparece para saludar a su papá. Nos surgió una pregunta en ese momento:
—Nombraste a ciertos escritores como tus influencias, aunque me imagino que hay personas como uno que también te han inspirado.

—Por supuesto. Incluso hay gente cercana que ha opinado. De hecho, tenía muchos problemas para terminar El Libro, y mi esposa me ayudó para darme una idea, me pareció que estuvo buena, así que la pusimos ahí, en el final.
—Roland Barthes, él dice que un libro, para que sea bueno, tiene que ser escrito desde el placer. Él habla de que si un texto no te produce placer, es porque no vale la pena leerlo, consideramos que en los libros policiales hay mucho de eso, más allá de que sea un elemento de suspenso, de muerte. ¿Vos considerás que estos libros surgen del placer o de algún otro tipo de sentimiento?
—Me gustó mucho escribir Penumbras y que aparezcan escenas del pueblo
me gustaba tener que ir a lugares a sacar fotos para poder describirlo con mayor realismo, incluso a la policía, que me había dejado entrar para ver las celdas… pero sí, uno escribe sin obligación, los escritores independientes tenemos esa ventaja, que no nos corren los tiempo, que eso influye tal vez en la calidad de la escritura; entonces nos da la libertad de poder escribir sobre lo que nos gusta y disfrutar del proceso de la escritura. Así que si no te gusta, no lo escribís más, en cambio si vos tenés un contrato firmado y tenés que entregar un libro, a lo mejor no te gusta lo que vas escribiendo pero lo tenés que terminar, por eso se demora más de diez años en escribir.
—Hay mucha gente que piensa que los libros policiales o de suspenso son pasatistas o comerciales pero otra parte de la gente afirma que son los libros más difíciles de escribir. En el caso del policial hay que tener bastante rigor para que atrape al lector.
—Yo respeto mucho, a todos los géneros, pero por algo le gusta a la gente, ¿no es cierto?
—¿Y cómo decidiste seguir esta novela en el pueblo?
—Porque me gustó, y aparte me resultaba mucho más fácil describir el lugar. Hay historias que se desarrollan en Siria y a lo mejor nada que ver. Pero yo describí mi pueblo así porque ahí vivo.
—¿Hay alguna persona que te haya dicho sentirse identificada con la historia?
—Muchos casos: gente que le daba miedo pasar por la plaza; incluso habíamos hecho una parte publicitaria, que era como la tapa de un diario, donde hablaba sobre los asesinatos de Las Perdices. Lo habíamos pegado ahí en la estación de servicio y dijeron: «¿cómo puede ser, acá en Perdices? Y después también había unas personas de Deheza que le pidieron a un remisero recrear la persecución que se muestra en el final de Penumbras. Esas cosas son una caricia al alma, es una misión cumplida (se ríe).
—¿Fue arriesgado el subtítulo «Desearás nunca haberlo leído»? ¿A cuál de los dos libros se refiere?
—El que lo lea se dará cuenta, ja, ja.
—Vemos que has aprovechado mucho las redes para publicitar el libro…
—Unas cosas curiosas que hicimos fue salir a repartir los papelitos, por acá en el pueblo, que decían: «No lo abras, ya es tarde». Para generar intriga. Y se ve que hubo gente que se sintió amenazada e hizo una denuncia a la policía. Me fueron a buscar a mi casa porque salimos en las cámaras. La policía nos fue a tocar el timbre para que le diéramos las explicaciones pertinentes. Por lo menos generó expectativas, a pesar de casi terminar preso. Valió la pena.
—¿Hay algo de tu trabajo de contador que haya ingresado a la historia?
—No, para nada. Es un cable a tierra que sirve justamente para abstraerme de la contabilidad.
—¿Te ves abandonando tu trabajo para ser un escritor de renombre y vivir de ello?
—Obviamente que me encantaría. Pero es medio difícil ser escritor independiente. Es difícil ser reconocido. Por ejemplo, ahora tengo que buscar una librería que lo quiera tener a la venta. Aun así eso es lo de menos,
No es mi objetivo hacer dinero sino cumplir un sueño,
no deja de ser un hobby.
—¿Y hay algo que hayas descubierto sobre vos en el proceso de escritura?
—Una vez un amigo me dijo que le sorprendió que en el «Universo Annaratone» nadie fuma. Es cierto, yo nunca fumé y jamás aparece un fumador en mis historias. Por otro lado soy muy fanático de los Beatles y eso siempre aparece.
—¿Cómo notás la posibilidad de ser escritor en Argentina?
—Y, bueno… es complicado, financiación cero. Por eso tenés que tener algún renombre, algún contacto. Tampoco me puse a buscar, porque no pasa por ahí. Es un sueño y lo pago con gusto.
—¿Cuáles son los libros que más te han marcado?
—El primer libro que me gustó fue El estrangulador, de Sidney Sheldon. Lo recomiendo para adolescentes. Es un libro corto, 120 páginas, es un libro grande, se lee rápido, es un libro comercial pero para engancharse es espectacular. Después El jardín de bronce, de Gustavo Malajovich, quien fue el guionista de Los Simuladores. El Jurado de John Grisham; El Resplandor, de Stephen King, Drácula, Frankenstein, eso me gusta mucho; los cuentos de Poe, Lovercraft, bueno, son la base del género.
—Muchas gracias César, no podemos esperar a leer tu libro.
Para leer cualquiera de las novelas de César, comunicate por Instagram en @cesarannaratoneescritor.
