El detrás de la fundación de Córdoba

Imagen de ejemplo
Comechingón representado en Parque temático “Yucat”, en Merlo San Luis

Humor e introducción

¡Qué haces cara de indio!

¿Cuántas veces escuchamos este saludo en la provincia de Córdoba? Obviamente es dicho con cariño y gracia, ya que en Córdoba es bien aceptado ser descendiente de pueblos originarios y es motivo de chiste con el humor que nos caracteriza. Pero fuera del chiste, ¿Quiénes eran estos “indios”?

Primero aclarar, que como ya saben todos, se les dice indios a los anteriores habitantes de esta tierra porque Colón pensó haber llegado a la India, pero en realidad, en el actual territorio de la provincia de Córdoba, habitaron principalmente los pueblos: Pampa, Sanavirones y Comechingones, estos últimos nos llaman en el artículo de hoy.

Fundación de Córdoba

En el año 1573 el Virrey del Perú Francisco de Toledo manda a fundar una ciudad que sirva de fortín español, la manda a fundar más al sur de lo que se conocía como el Valle de Salta, hoy correspondería a Santiago del Estero. Manda a un sevillano, Jerónimo Luis de Cabrera, pero éste, desobedece, decide que no, va más al sur, llega hasta el “Quisquisacate” (término utilizado por los nativos para denominar la unión del río Suquía con el arroyo La Cañada), y allí funda la ciudad. ¡Esta desobediencia le va a costar la vida!

Motivo

Se cuentan muchísimas historias, algunas con fundamento y otras sin, sobre cuales serían los motivos de esta desobediencia y búsqueda intencional en la zona. Algunas de estas historias son:

- Que Cabrera quería fundar una ciudad con salida al océano para así sacar el oro del Perú en barco con destino a España, sin embargo, esta opción carece un poco de sentido ya que en 1536 se había realizado la primera y fallida fundación de la ciudad del Buen Ayre, por lo que yo supongo que, por cartografía, Cabrera debía conocer que estaba distante del mar. Pero también se agrega a esta teoría que cuando transitan las cercanías de la laguna Mar Chiquita, pensaron que esta misma era el océano.

- Otra historia es que los indios de la zona le habían contado que más al sur había grandes pastizales, ríos, y zonas muy prosperas para el cultivo, ¡y no se equivocaban! Se estaban por encontrar con la mejor “pampa” que sus ojos hubieran visto en su existir.

- Por último, se comenta mi teoría favorita: “La Ciudad de los Césares”, la cual será ampliada y contada en profundidad en la próxima edición de este mensual. Pero resumiendo, en ese momento se decía de oreja a oreja que existía una ciudad donde los indios abundaban de plata, oro y minerales preciosos, y que su ubicación era en el sur del actual territorio argentino (última parte del continente en ser descubierta por colonos), y se dice que en realidad Cabrera, contando con más de 100 hombres para fundar en el valle de Salta, se emocionó, su ambición le ganó y partió en búsqueda de la ciudad que lo haría rico a él y a todos sus soldados, pero que, luego de recorrer tanto, decidió quedarse en el “Quisquisacate”. Esto debido a que era una zona tan preciosa, que le recordaba muchísimo a una ciudad andaluza llamada Córdoba, de donde era oriunda su esposa. Y en honor a ella, decide nombrar la ciudad como “Córdoba de la Nueva Andalucía”.

Nadie está solo si está con Dios

“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios verdadero y en el asiento que en la lengua originaria se llama Quisquisacate, en presencia del escribano de su majestad, Francisco de Torres, su secretario y testigos, se funda esta nueva ciudad, en este asiento cerca del río que los indios llaman de Suquía”.

Así inicia el acta fundacional de Córdoba. Mas no solo estaba Dios junto a ellos: ¡también había centenares de indios!

Henîa-Kâmîare

Así se autodenominaban los indios con los que se encontró Cabrera. "Henîa" el grupo que habitaba más al norte de la provincia, y "Kâmîare" los que habitaban más al sur, pero para nosotros y para los españoles, pasaron a la historia como “Comechingones”. Al parecer esta denominación surge de que al gritar en batalla se les escuchaba decir "¡Kom-chingôn!", traducido como "muerte a ellos" por los españoles. La otra versión dice que sus indios vecinos, los Sanavirones, los llamaban "Kamichingan", que significa "habitante de cuevas", o incluso otros sugieren que significaba una burla creada por los sanavirones, nunca se sabrá a ciencia cierta.

Según registros arqueológicos y crónicas españolas, estos nativos ya habían logrado la especialización en agricultura y ganadería, contando incluso con un sistema de silos de grano para abastecerse en época de escasez de comida. También regaban sus cultivos mediante irrigación artificial, gracias al desvío de fuentes de agua cercanas. Se describe a una sociedad desarrollada que también contaba con armas de guerra y caza, comunes en la zona, como lo eran las lanzas con punta de piedra, también otros sugieren que, por el contacto con los Incas, podrían haber llegado a conocer la existencia de metales y utilizarlos como punta de lanza. Como dato extra, para la guerra contaban también con arco y flecha, y a sus caras las pintaban de rojo y negro para intimidar al enemigo.

¿Pero cómo lucían estos indios? Bueno, aquí nos acercamos al cierre del artículo y a los párrafos donde más mitos serán nombrados, pero antes de la mentira, citemos la verdad, un fragmento de las crónicas del español Diego de Rojas, el cual acompañaba a Cabrera: “Fuimos a la sierra, a la provincia de los comechingones que es la gente barbuda.”

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Este aspecto es la única verdad absoluta entre todas las hipótesis generadas, ya que también cuenta con respaldo arqueológico, por lo que solo sabemos que tenían barba, lo cual no era común entre los indios de la época. Por eso los cronistas le dieron tanta importancia a que llegaron a una tierra donde los indios tenían grandes barbas, ya que ellos venían del Perú, donde la gente es lampiña, entonces al encontrarse con otros con barba, como ellos, les llamaba la atención.

En cuanto a mitos, se dice que eran blancos, incluso más blancos que varios de los españoles que allí se encontraban. Que su barba era más bien rojiza, que eran altos como ellos, y que en buena proporción tenían ojos verdes. Que la cruza de ellos con las españolas daba de resultado unos blancos más blancos que los hispanos.

Ahora bien, ¿esto habrá sido verdad? También he leído descendientes de Comechingones que aclaraban que había varios tipos de Comechingones, incluso uno que citó lo que su padre le contó de a su tatarabuelo comechingón que le decía: …le decían que había tres clases de personas que formaron el pueblo. Los que trajo el viento cálido ¿Norte? Los que trajo el Agua Grande y dulce ¿Un río navegable? y los hijos de los algarrobos, allá a lo alto casi del cielo. ¿Cumbre serrana? Su color de piel era más bien aceitunado, ojos miel y según mi padre, él era castaño oscuro con tonalidades rojizas. Gente más bien alta…

¿Habrán sido así estos indios? Antropólogos desmienten esto en base a fósiles encontrados, que los relacionan con la etnia Huarpe que es cordillerana, de allí su altura y barba. ¿Y si no encontraron fósiles de los blancos? Otros sugieren que los blancos se mestizaron con los españoles, si eran lo mismo, era motivo para fortalecer la raza, y así han quedado olvidados y disueltos en el ADN cordobés. ¿Y si los mataron por blancos? Algún que otro se atrevió a decir que a los comechingones los mataron por ser tan parecidos a los europeos, que cuando los colonos los vieron temieron que sean tan hábiles para la lucha como los del viejo continente, y que, ante la duda, primero atacaron ellos sin dejar ni un rastro de indio. ¿El ganador escribe la historia? Quien te puede asegurar que los relatos españoles son ciertos, quien te dice que no se inventó que tenían cuerpo caucásico como motivo para llevar a cabo una matanza.

Hasta ahora no se han creado las máquinas del tiempo, solo el día que las veamos funcionar podremos conocer la verdad de la historia, pero por ahora, nos conformemos con saber que los indios están en la sangre de nuestra comunidad, y que no hay que borrar la historia, porque la historia fue, es y será nuestra sangre.