Afirmar “el mundo ya cambió” es una premisa acertada, ¿o todavía piensan que el mundo es el mismo del de hace cinco años atrás, en 2019? Evidentemente en esta perspectiva todo parece haber cambiado aceleradamente, y que todo parece indicar que así fue en realidad. No advertimos la cantidad de cosas en nuestra vida cotidiana que cambian aceleradamente, y las que no lo hacen de forma rápida, lo hacen de forma gradual. Todo parece estar conectado, “el mundo” no es un concepto único, sino una red de infinitos elementos que componen un gran número de sistemas interconectados entre ellos, con que uno cambie, todos los demás lo hacen.
Pensar en cinco años atrás es recordar un mundo ya bastante tecnológico, social, político y laboralmente alejado. Una videollamada, por ejemplo, era algo que la gran mayoría de personas jamás había hecho. Generar un texto complejo de cualquier tema, crear una imagen y/o video falsos era una tarea de mucha precisión y saber informático, impensable de hacerse en segundos. Disponer de una cuarentena por una pandemia global era directamente un delirio, al igual que pensar en coques autónomos conduciéndose de una ciudad a otra. Sin embargo, hoy todo eso ocurrió o está ocurriendo, muchas cosas cambiaron y nosotros como respuesta a ello también hemos cambiado.
El principio del cambioElegir al 2019 no es un azar, sino un año para pensarlo como un punto de inflexión en la historia, o más bien el punto cúlmine de un proceso de gestación. Podemos intuir que también coincide popularmente con el fin de la década de los 2010s (aunque en realidad terminó en el 2020) y ello refuerza la idea de cambió. Lo cierto es que aquel mundo era el que describimos un párrafo antes, y que en 2020 todo empezaría a cambiar con la pandemia como una primera instancia. Si recordamos a la pandemia del Covid-19 en 2020, seguramente recordemos como en alguna medida todos enloquecimos ante el hecho de sentirse amenazados, y ese enloquecimiento no fue más que la manifestación de las respuestas al cambio tan repentino.
No todos los agentes respondieron exactamente de una misma manera, pero muchas empresas, escuelas y demás profesiones que requerían de una labor social debieron adaptarse de lleno a las formas virtuales, como las reuniones por Zoom o Meet. El sistema productivo también respondió como acostumbraban las economías de guerras europeas y norteamericanas en la Segunda Guerra Mundial, ha producir unos mismos bienes esenciales como barbijos y alcoholes en gel. Mientras que por su parte los Estados buscaban las forma de mitigar los efectos sanitarios y económicos, algunos con más éxito que otros, pero en general tenían que ver con una restricción de la circulación y los ingresos universales como forma de paliar la crisis de ingresos y consumos. Fue esto último, una oportunidad de prueba piloto en cómo sería el Estado del futuro y que roles puede asumir en escenarios tan adversos como fue la pandemia.
Fue la pandemia lo que despertó el primer gran debate de este cambio global: el rol del Estado. Por algunos muy cuestionado por su alta intervención, como fue el caso del economista Javier Milei en Argentina y su historia ya conocida al día de hoy. En cambio, en otros países como Estados Unidos, se cuestionó más bien la falta de intervención y lo que finalmente llevo a Donald Trump a perder su relección en 2020. Con estos dos ejemplos es ya sin ningún lugar a dudas que se abrió un debate más a fondo del rol que debe tener el Estado y la idea real de un cambio profundo en el mundo.
Sin mencionar que socialmente el rol de Estado se cuestionó más en 2021, un año posterior al inicio de la pandemia, con las campañas de vacunación. ¿Se podía disuadir a las personas de vacunarse sin caer en la obligación? Para muchas personas en todo el mundo la vacuna fue un tema sensible, y en su derecho a elegir a no vacunarse fueron muchas veces reprendidas. El caso más conocido fue el del tenista Novak Djokovic, quien se negó hacerlo y por ello recibió la deportación de Australia y el impedimento para jugar el US Open (2022); dejando claramente “la pelota picando” en sobre que tanto se puede exigirle a un individuo la vacunación, sin violar su libertad de elección. Para el Estado entonces, ¿valdría la pena sacrificar nuestras libertades para salvaguardarnos de lo considera peligroso?
La pandemia resulto el algo más que la enfermedad del Covid-19, significó el florecimiento de los debates sobre el accionar estatal y económico, así como demostró claramente como el mundo esta tan globalizado que un estornudo en China puede paralizarnos en nuestras casas en un puñado de semanas, que a perspectivas históricas son milisegundos.
La tecnología de este mundoOtro punto de inflexión, pero esta vez en el mundo tecnológico, fue la aparición de la “inteligencia artificial”. Dicho así entre comillas, porque es un concepto de al menos setenta años y lo que hoy en día vemos es más bien redes neuronales. Precisamente este punto de cambio fue en noviembre de 2022, cuando se publicó ChatGPT, una red neuronal del lenguaje capaz de generar textos complejos a partir de un simple texto de entrada. Inmediatamente esto encendió las alarmas de la automatización y como generalmente ocurre, el pánico al desempleo masivo.
Las redes neuronales componen uno de los tantos engranajes de la cuarta revolución industrial, por ello no es extraño temerle al desempleo que pueda generar, así como tampoco es de extrañar los nuevos empleos que traerá como consecuencia de estas tecnologías.
En esta era de la información, donde “cada dos días se genera más información que en el resto de la historia de la humanidad” la existencia de una tecnología capaz de escribir textos complejos de la nada, no hace más que inundar el océano de sobreinformación que ya existe. Hacía unos años ver un texto era suponer que en algún momento alguien lo escribió y en que su defecto se fue copiando hasta llegarnos, hoy ya no tenemos esa certeza.
Pero ello fue solo el comienzo de estas redes neuronales, porque luego también se fueron perfeccionando en reconocimiento de sonidos e imágenes. ChatGPT lanzó su versión “omni” capaz de interpretar el entorno e ir conversando en tiempo real con el usuario. También es capaz de anclarse con un sinfín de programas y generar una automatización de forma tan sencilla como jamás fue vista, y en apenas un par de años. Ni hablar de la generación de imágenes que recientemente en la red neuronal de X (ex Twitter) llamada grok es capaz de generar imágenes de personas sin ningún tipo de restricción y de forma muy realista en comparación a las de hace un año. Es solo el comienzo, ya que ambos imágenes y sonido están muy perfeccionados y camino a poder perfeccionar ahora a la generación de videos.
Es de esperarse que con este caldo de cultivo perfecto veamos la proliferación de fakenews y conflictos en base a contenidos de multimedia generados por las inteligencias artificiales.
La otra gran tecnología que se asomaLas redes neuronales no están solas en este nuevo mundo. Sino que vienen en aumento otra de las tecnologías de esta cuarta revolución industrial: la robótica. La empresa Tesla viene a pasos agigantados a imponer este nuevo mundo con coques autónomos y robots humanoides capaces de realizar las tareas humanas. Los humanoides desarrollados por la empresa Tesla son capaces de conducir, ensamblar, cocinar y más. Ya estarán operando en la misma industria de Tesla para el siguiente año. Suponiendo así un paso más hacía un mundo de ciencia ficción al que todavía no parecemos advertir. Tampoco queda mucho tiempo para ver a personas caminando con humanoides por las calles.
El típico dilema del automóvil automático, que debe escoger, en una situación en la que tuviese que embustir a una persona o un automóvil con una familia, parece haberse resuelto. Luego de un video viralizado en el que justamente un Tesla conduciéndose a sí mismo pega un volantazo de último momento para evitar atropellar una persona, y embuste así, a un auto. Estamos más cerca de lo que se piensa de un mundo de automóviles autónomos de lo que se piensa. En países como Estados Unidos directamente ya se pueden acceder, en Argentina estaremos a una generación de distancia de aquel mundo.
ReflexionesAnte un mundo algo caótico, o en pleno momento de reformarse así mismo, queda claro que la visión ansiosa es la que predomina y con ella la incertidumbre de caminar a una distopía tecnológica. Muy probablemente el destino de la humanidad no esté en nuestros alcances, como casi nunca ha estado al alcance de un único humano, sino que hemos puesto los esfuerzos de manera colectiva.
No es la primera vez que las maquinas parecen superarnos en algo: inventamos las poleas y grúas capaces de hacer más fuerza que toda la humanidad en su conjunto; automóviles más veloces que cualquier animal y cualquier medio para alcanzar todos los puntos en la tierra. Sin embargo, todo aquello no nos amenazó, ¿por qué ahora sí? Porque son esfuerzos físicos, porque sabemos que los humanos no tenemos fuerza ni ninguna otra habilidad especial en el reino animal, salvo, por supuesto, la inteligencia. Y, por lo tanto, nuestra humanidad no se vio amenazada en los cambios anteriormente expuestos, como ahora se ve ante la posibilidad de que la tecnología nos supere en inteligencia: en lo que nos hace humanos.
Preocupa el avance de la inteligencia artificial, pero una gran mayoría de personas no las usa o desconoce de ellas, ¿entonces la preocupación vendrá del hecho que sean menos personas las que las empleen? No es lógico ni serio pensar en regulaciones para el avance tecnológico, sencillamente avanza por más que se prohíban, es más, las prohibiciones aumentan las brechas. Por ello le mejor que nos puede pasar es siempre que todo sea democrático y asequible, y aprender que el proceso de las mejoras tecnológicas siempre podemos sacar un provecho para el bienestar de todos.
Si decimos que el mundo ya cambió, es porque quizás ignoramos como cambiamos constantemente como sociedad y que no nos enteramos de ello. Nos preocupan las noticias falsas, pero las inundaciones de noticias que cada momento se generan, hacen que pocas noticias sean un furor. Hoy por hoy, hay cada día noticias que hubiesen sido un revuelo hace una o dos décadas atrás, pero sencillamente pasan desapercibidas entre el mar de la información que es internet. Más que temer a las noticias falsas, ¿también se les podría temer a no saber dimensionarlas? Probablemente sea nuestra debilidad no contar con una visión histórica de donde estamos parados, solo así los cambios podrían verse de una forma más profunda o notoria. Lo seguro es que, si decimos que el mundo cambió, es porque lo ha hecho y siempre lo hace. Y con esta premisa no se dicta que debemos ver al presente como un cambio del pasado, sino como un mundo que cambiará mañana, si algo nos impulsa como seres humanos es el hecho de seguir siempre avanzando y proyectar en el futuro.